2011/03/27

Evangelio cuarto domingo de Cuaresma Ciclo A

Fue, se lavó y volvió con vista
Lectura del santo evangelio según san Juan 9,1-41


En aquel tiempo, al pasar Jesús vio a un hombre ciego de nacimiento.

[Y sus discípulos le preguntaron:



- Maestro, ¿quién pecó: éste o sus padres, para que naciera ciego?

Jesús contestó:

- Ni éste pecó ni sus padres, sino para que se manifiesten en él las obras de Dios. Mientras es de día tengo que hacer las obras del que me ha enviado: viene la noche y nadie podrá hacerlas. Mientras estoy en el mundo, soy la luz del mundo.

Dicho esto,] escupió en la tierra, hizo barro con la saliva, se lo untó en los ojos al ciego, y le dijo:

- Ve a lavarte a la piscina de Siloé (que significa Enviado).

Él fue, se lavó, y volvió con vista. Y los vecinos y los que antes solían verlo pedir limosna preguntaban:

- ¿No es ése el que se sentaba a pedir?

Unos decían:

- El mismo.

Otros decían:

- No es él, pero se le parece.

Él respondía:

- Soy yo.

[Y le preguntaban:

- ¿Y cómo se te han abierto los ojos?

Él contestó:

- Ese hombre que se llama Jesús hizo barro, me lo untó en los ojos y me dijo que fuese a Siloé y que me lavase. Entonces fui, me lavé y empecé a ver.

Le preguntaron:

- ¿Dónde está él?

Contestó:

- No sé.]

Llevaron ante los fariseos al que había sido ciego.

(Era sábado el día que Jesús hizo barro y le abrió los ojos). También los fariseos le preguntaban cómo había adquirido la vista.

Él les contestó:

- Me puso barro en los ojos, me lavé y veo.

Algunos de los fariseos comentaban:

- Este hombre no viene de Dios, porque no guarda el sábado.

Otros replicaban:

- ¿Cómo puede un pecador hacer semejantes signos?

Y estaban divididos. Y volvieron a preguntarle al ciego:

- Y tú ¿qué dices del que te ha abierto los ojos?

Él contestó:

- Que es un profeta.

[Pero los judíos no se creyeron que aquél había sido ciego y había recibido la vista, hasta que llamaron a sus padres y les preguntaron:

- ¿Es éste vuestro hijo, de quien decís vosotros que nació ciego? ¿Cómo es que ahora ve?

Sus padres contestaron:

- Sabemos que éste es nuestro hijo y que nació ciego; pero cómo ve ahora, no lo sabemos nosotros, y quién le ha abierto los ojos, nosotros tampoco lo sabemos. Preguntádselo a él, que es mayor y puede explicarse.

Sus padres respondieron así porque tenían miedo a los judíos: porque los judíos ya habían acordado excluir de la sinagoga a quien reconociera a Jesús por Mesías. Por eso sus padres dijeron: «Ya es mayor, preguntádselo a él».

Llamaron por segunda vez al que había sido ciego y le dijeron:

- Confiésalo ante Dios: nosotros sabemos que ese hombre es un pecador.

Contestó él:

- Si es un pecador, no lo sé; sólo sé que yo era ciego y ahora veo.

Le preguntan de nuevo:

- ¿Qué te hizo, cómo te abrió los ojos?

Les contestó:

- Os lo he dicho ya, y no me habéis hecho caso: ¿para qué queréis oírlo otra vez?, ¿también vosotros queréis haceros discípulos suyos?

Ellos lo llenaron de improperios y le dijeron:

- Discípulo de ése lo serás tú; nosotros somos discípulos de Moisés. Nosotros sabemos que a Moisés le habló Dios, pero ése no sabemos de dónde viene. Replicó él:

- Pues eso es lo raro: que vosotros no sabéis de dónde viene, y, sin embargo, me ha abierto los ojos. Sabemos que Dios no escucha a los pecadores, sino al que es religioso y hace su voluntad. Jamás se oyó decir que nadie le abriera los ojos a un ciego de nacimiento: si éste no viniera de Dios, no tendría ningún poder.] Le replicaron:

- Empecatado naciste tú de pies a cabeza, ¿y nos vas a dar lecciones a nosotros?

Y lo expulsaron. Oyó Jesús que lo habían expulsado, lo encontró y le dijo:

- ¿Crees tú en el Hijo del hombre?

Él contestó:

- ¿Y quién es, Señor, para que crea en él?

Jesús le dijo:

- Lo estás viendo: el que te está hablando ése es.

Él dijo:

- Creo, Señor.

Y se postró ante él.

[Dijo Jesús:

- Para un juicio he venido yo a este mundo: para que los que no ven vean, y los que ven se queden ciegos.

Los fariseos que estaban con él oyeron esto y le preguntaron:

- ¿También nosotros estamos ciegos?

Jesús les contestó:

- Si estuvierais ciegos, no tendríais pecado; pero como decís que veis, vuestro pecado persiste.]